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lunes, 19 de enero de 2015

Las mujeres no saben de coches

Ya noche, luego de clases, pasaba por ella. Solo me estiraba un poco para abrirle la puerta desde mi asiento (ya no me bajaba como antes, por dos cosas: en primera, causaba tráfico y en segunda, porque no era antes).

Luego, ella se subía y cansados íbamos hasta su casa. Normalmente pocas o nada de palabras. A veces, incluso, se dormía.  Se bajaba… y así monotonía todos los días.

Pasé por ella, me estiré y le abrí la puerta… a las cinco calles empezó a sonar mi iphone, me marcaban desde su número. ¡Carajo, olvidó su celular! Contesté y… era ella. Me puse pálido y miré al lado… había otra mujer dormida. Idéntica silueta, noche obscura.

Al teléfono reclamaba.

  Siempre te demoras demasiado.

Sin explicaciones y por instinto, colgué, desperté a la pasajera. Gritó, grité, reclamó, reclamé,  explicó, expliqué, se confundió.

      —¡Las mujeres no saben de coches! —le dije —
      —¡Los hombres, de amor! —contestó —

Reímos ambos. Bajó. Tímida se fue.


Regresé por la de siempre. Esta vez el camino no fue tan callado.

jueves, 10 de octubre de 2013

Luis Castro

Luego de toda una vida en un pueblo de España, se aventuró a cruzar el Atlántico.

Desembarcó en Veracruz. Entró al primer café. Le pareció ver un rostro familiar.
   ¿De casualidad es usted Luis Castro?
   No.

El forastero se marchó.
   Luis, ¿pero por qué le has negado ser Luis Castro?— preguntaron sus amigos.

   No he negado ser Luis Castro. He negado serlo “de casualidad”.

lunes, 15 de julio de 2013

Las mujeres y la miel



Aquí desde el avión, luego de regresar de la Universidad de Notre Dame, he decidido aprovechar el tiempo y compartir un poco de lo aprendido. No, no les hablaré de lo que me han enseñado los profesores en las aulas, eso ya está en los libros; les explicaré lo aprendido por otro tipo de maestros: mis amigos.

Camino a clase, el colombiano dijo: Ellas y la miel funcionan diferente.

La primera cita, -digamos un lunes- resulta increíble. Se la pasan divino, la miel se  derrama sobre las hojuelas.  El martes quedas con ella (en el Starbucks), no paran de reír, se platican, se miran, ¡mariposas!, se acomoda el pelo, ríen otra vez; te gusta aún más. Todo es tan… ridículo…pero aún así: perfecto.


Llamas el miércoles: no contesta. Piensas que su teléfono se ha perdido, entonces le escribes un inbox: tampoco contesta. Debe ser… que le han robado toda la mochila; entonces llamas a su casa. Tampoco contesta…  “está en exámenes”, piensas… al otro día insistes, vuelves a llamarla, escribirle, mensajearla,  escribirle a su amiga… pero todo, absolutamente todo es en vano. Continuas, no te rindes, pasan jueves, viernes, febrero, marzo, abril y toda la vida… y entonces te das cuenta que ese martes 13 se rompió el plato con la miel y las hojuelas. De eso: Nada queda.

¿Pero qué fue lo que pasó? No se sabe, las mujeres y la miel funcionan de manera diferente al resto de la naturaleza. Pero él, mi maestro, ha explicado una solución que no está en los libros.

Sales con ella el lunes y luego de esa cita perfecta, de ese intercambio ridículo de sonrisas y de esa sensación de mariposas... luego de eso, después de eso…. LA IGNORAS. Te dedicas a la tarea, la cerveza, el futbol, los tacos y todo, absolutamente todo lo que quieras excepto la niña. Si la llamas, muerdes la manzana y te quedas sin paraíso.

Pasarán dos semanas, luego viene el momento más complicado: planear la casualidad, agendar el azar, programar la coincidencia. Y entonces “te la encuentras”, entonces otra vez juegan a eso de las sonrisas, el intercambio de miradas, el chiste absurdo del que los dos se ríen… quedas en llamarle… pero otra vez: no lo haces… Ella se empezará a comer las uñas, le has dejado un vacío que la jala. Cuando ella vaya en su tercer par de uñas (y haya confesado su frustración a la señorita de la estética)… en ese entonces… la llamas –un lunes- como sin nada… y entonces ahora sí “algo” pasa que ella siempre contestará y echará miel a los hojuelas, lunes, martes, miércoles y forever.

miércoles, 19 de junio de 2013

Se quitó el lunar

Le incomodaba, por eso se quitó el lunar. En medio de su frente una mancha obscura interrumpía su imagen. Uno no lo escuchaba, solo veía su lunar.

Corría el año de 1999 cuando se postuló para ser el alcalde de la Ciudad, en ese entonces todo semáforo, poste o árbol quedaba tapizado con la imagen del candidato. Al principio aquel punto de su cara le quitó varios puntos en las encuestas, fue entonces cuando el genio del marketing electoral (Raúl Victoria Iragorri) recomendó “eliminar aquella mancha de las fotos”. Así ganó las elecciones. “Mario Marín alcalde de la Ciudad” se leía en la primera plana del periódico, una primera plana –por cierto- de puro texto, sin foto, sin imagen. Nunca había visto algo así.

Imposible llevar la frente en alto con semejante mancha, pero él aspiraba a todo: gloria, fama, clamor popular. De nueva cuenta lo logró, esta vez el genio fue el cirujano que extirpó aquel lunar, entonces Mario ascendió gobernador. Esta vez El Excélsior, El Sol y El Reforma  si publicaron imagen.

Ya en la fama, decidió que -como los famosos- debía ser retratado en un mural. Eligió la pared principal del Salón de Protocolos del Palacio de la Ciudad, y ahí -entre ángeles y fundadores- decidió pintar su imagen (sin lunar por supuesto).




A veces voy a reuniones y juntas del Comité a ese salón. La verdad es que pocas veces ponía atención por quedarme pasmado con la pintura. De los 46 ilustres retratados, él era el de mayor tamaño, con una sonrisa inteligente señalaba un mapa que tenía en las manos. Una analogía –reflexionaba- de “La Creación Adán”, donde Dios con su dedo índice señalaba (y creaba) al Mundo (representado por Adán); así Mario –también con el índice- señalaba el mapa al mismo tiempo que creaba Puebla. ¡Algo patético! pensaba yo, mientras que quien presidía la sesión sometía a votación un asunto del cual yo no tenía la menor idea por estar divagando sobre murales.

Pues resulta que Mario terminó siendo persona non grata por diversas cuestiones que (por pulcritud literaria) no comentaré. El caso es que hoy al amanecer vi el Twitter, decía:  El gobierno de Puebla 'borra' al exgobernador Mario Marín de un mural, y es que es lógico, esa mancha obscura impedía a Puebla, fama, gloria y clamor popular.





martes, 14 de agosto de 2012

El tiempo que te sobra


Tenía unos 17 años cuando mi bachillerato me envió a hacer una colecta para ayudar a los pobres. Resulta que un amigo me propuso pedir limosna en los peseros. Los choferes nos dejaban subir gratuitamente, luego dábamos un discurso de unos 25 segundos y pasábamos a recoger las monedas que nos daban los pasajeros. Pero esa anciana -que recuerdo como si la hubiera visto ayer- me rompió el corazón. Tenía unos 80 años, ropaje humilde y desgastado, cayos en las manos que me mostraban su pasado campesino. Me sonrió -con una de esas sonrisas dulces e incondicionales- mientras sacaba su humilde monedero para regalarme $10 pesos, que para ella, representaban seguramente dejar de comer algo, o tal vez -ese día-… no comer. No pude más, en la siguiente parada me bajé y mis lágrimas empezaron a caer. Eso es entrega, dar de sí al otro. Esa dación, ese dinero (escaso y necesario) es el que mueve, el que motiva.

A la Madre Teresa de Calcuta se acercó un rico norteamericano para realizar un fuerte donativo. Él extendió el cheque hacia la monja.

-   -    ¿En verdad no necesita este dinero? ¿de verdad le sobra?
-   -    Si, de verdad Madre.

Ella dejó al hombre con el brazo extendido y dijo:
-   
    -   Si de verdad no lo necesita, si de verdad le sobra, entonces: para mi causa, ese dinero, no funciona.

Ella alguna vez también dijo: «cuanto menos poseemos más podemos dar». ¡Es verdad! para dar de lo nuestro, ¡de lo que es más nuestro!, hay que dar aquello que necesitamos,  mejor dicho, aquello que más necesitamos. Solo eso, es una verdadera entrega.

Pero la entrega, no se hace solo con pesos; también con tiempo, también con sacrificios. Y por eso, está bien ir a “La Villa” o hacer el “Camino de Santiago”, pero esa anciana que lo caminó con su bastón, paso a paso y con los pies descalzos, es quien merece todo mi reconocimiento, el cual –paradójicamente- le es totalmente indiferente. Cada uno de sus pasos solo tiene un fin: entregarse, en este caso, a Dios.

Alguna vez escribí sobre una niña que huía descalza de su casa para acompañarme en contra de la voluntad de su estricto padre. Escena tal vez para ustedes trivial, circunstancial, pero a mi me dejo marcado.

Guardando obviamente las proporciones, porque ni soy Dios; ni ella, Teresa de Calcuta, queda marcada en mi su entrega, su riesgo, ese salir conmigo a pesar de las consecuencias, a pesar de la falta de zapatos –para en el escape no despertar a su padre-, porque: me dio de ese tiempo que no tenía, que no le sobraba, que era tiempo “para estar en casa”. Esas cosas, no se olvidan.

Si me das el tiempo que te sobra, mejor, no me des nada. 

viernes, 10 de agosto de 2012

De la nada al todo


A mis 12 años de edad estuve a punto de ser atropellado por una bicicleta. Un viejo que pasaba me salvó con un grito: «¡Cuidado!»

El ciclista cayó a tierra. El viejo, sin detenerse, me dijo: «¿Ya vio lo que es el poder de la palabra?» Ese día lo supe.

Bueno, y si la palabra tiene poder, no les quiero ni contar del Beso, pero me refiero al Beso con mayúscula, ese que se da como si fuera la primera vez, pero también como si fuera la última.

¿Precio? Varían, unos son gratis; otros cuestan la vida;  otros, la muerte. Manuel Acuña - 24 años- a falta de un beso de Rosario tomó cianuro, cuentan algunos rumores que una vez muerto logró dárselo.

Pero los besos no solo matan cuando no se dan, también cuando se dan. No me refiero a Judas y sus 30 monedas, sino a uno de esos besos que matan en el sentido de que deshacen al ser que lo recibe, y es que lo deshace porque pierde su esencia: su razón, su voluntad y su conciencia. Esta esencia huye y entonces, en una alucinación: impensable, inconciente e irracional se toca el paraíso sin estar en él. Viajamos vivos a tierra de muertos.

Alguna vez, reflexionaba cómo sucedió la creación del universo. Se me hacía impresionante que de la nada surja el todo. ¿Y qué es un beso? Nada, o bueno, casi nada, un simple contacto de labios… pero de esa nada, surge todo.

Tip para poner los semáforos en verde


Hace algunos meses, me convocaron a unas reuniones donde iba un montón de gente del gobierno -y hasta extranjeros- donde los expertos exponían unos estudios que demostraban que una de las principales causas de muerte, es manejar usando el celular. A raíz de eso, ya solo contesto el Whatsapp en los altos.

De repente vibra el celular y mensaje:
    —   Urgente, pásame el número de la Policía.

Tenía el semáforo a unos 4 segundos. Mi objetivo: escribir tres dígitos: 066. Recorrí 3.99 segundos, cambió la luz a verde y avancé para llegar al siguiente rojo que estaba a un par de cuadras… acerqué mi dedo al cero y en ese instante un montón de coches atrás empezaron a tocar desesperadamente, tal cual fueran a dejar a su esposa -ya con la fuente rota- a la sala de partos, yo por si las dudas aceleré y me aproximé al siguiente rojo … pero al llegar … otra vez verde y así sucesivamente hasta llegar prácticamente a mi casa. Por cierto, puedo presumir que ese día rompí mi record en hacer el menor tiempo posible desde la oficina.

Bueno, queridos cuatro lectores, ahora saben la técnica para poner semáforos en verde. 

Cuando vayamos a tomar algo, ya no tienen pretexto para llegar tarde.

Que tengan un bonito viernes