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miércoles, 23 de mayo de 2018

No es culpa de uno sino del hilo



Se llama «arteria ulnar», esa que va desde el corazón hasta el dedo meñique.

Creo que es japonesa la leyenda; dice que desde el nacimiento, estamos atados del meñique a la persona que amaremos por siempre. El hilo rojo, siempre se puede estirar o contraer pero nunca romperse.

El problema —creo yo— es que el hilo es invisible y con tanto tráfico, barullo y ajetreo, uno al caminar por doquier va enredando el hilo con esas niñas que se van cruzando en el camino.

Entre tanto enredo, confusión y enjambre, uno se va equivocando de labio en labio. La clave es descubrir cuándo uno se ha equivocado. Buscando soluciones, me acordé que hace años transcribí un texto ajeno:

Mira muchacho -me dijo-, la vida de un hombre no es más que la búsqueda de una mujer. Fíjate que digo una mujer y no cualquier mujer. Y por una mujer, muchacho, me estoy refiriendo a “una de única”. El problema está en que el hombre siempre queda con la duda de si la mujer que encontró (si es que encuentra alguna), es esa una mujer que estaba buscando. Yo ya estoy viejo y he descubierto una fórmula infalible para saber si la mujer que uno encontró es la una mujer que estaba uno buscando..."
El viejo carraspeó y me confió: "Si tu le dices a una mujer que te duele una muela y ella, en lugar de mandarte al dentista o darte un analgésico, te abraza y deja que recuestes la mejilla en sus pechos, entonces, muchacho, esa mujer es la una mujer que andabas buscando...





lunes, 4 de diciembre de 2017

Descanse en paz, hombre revolucionario


Yo lo conocí... usaba el bigote en cuadro abultadosu paño al cuello enredado [...] chamarra de cuerotraía arriscao el sombrero. Sus pies campesinos usaban huaraches y a veces a raíz andaba y aunque pisaba sobre los huizaches sus plantas no se espinaban [...] Era alto, bien dado, muy ancho de espadas  su rostro mal encachado, su negra mirada un aire le daba  al buitre de la montaña [...] 

La noche que lo asesinaron [...] con todo y caballo cayó con la balacera; la cara de ese hombre revolucionario quedó besando la tierra.

domingo, 19 de febrero de 2017

Sin cadenas al pasado, una conversación con el pelo de Ana

Lincoln anunció que los esclavos serían liberados, cien años más tarde Luther King Jr. decía que aún no lo estaban. 
Íbamos livianos de equipaje, olvidé llevarme Gatorades y cervezas a la playa.

A mi lado estaba Ana, una mujer libre en pleno S. XXI. Años atrás escapó. Tiró por la ventana: Manual de Carreño, título profesional, fotos, flores disecadas, un vestido prestado, un pagaré que jamás sería cobrado, un frasco con lágrimas y un fajo de papeles codiciados por cierto tipo de esclavos. Total, ella llegó a vivir a la playa.

Yo miraba su pelo, éste al son del viento me contaba que la libertad se da como sin querer, es práctica y siempre se delata. Ese pelo me explicaba, así con hechos, que la libertad no se define con palabras, con anuncios de Lincoln y mucho menos con discursos plasmados en fotos como las que Ana tiraba.

Tras mi capilar conversación, ella meditaba ahí, callada, tendida en la arena de la playa …una arena que cuando la pisaba, se convertía en huellas que ignoraba, lo que no ignoraba, era dar libremente el siguiente paso en la dirección que deseaba y encaminaba para amanecer ahí donde le llevase el viento de la libertad que con su pelo retozaba. Seguro que cuando ella besa lo hace sin prejuicios y sin reflexiones, besa —creo yo—más bien con la libertad del momento y de la playa.

Ese día conocí a una persona libre, de esas que hoy ya no hay, o al menos, son muy escasas. 

Al ingresar a una celda, no Lincoln sino otro ex presidente, recobró su libertad, alivianó su equipaje. En este video les explica…





Quien sonríe no sale en la foto. Crónica de un certamen de belleza


Que espontáneamente el sol destella ante tus ojos y todo se vuelve invisible. ¿Te ha pasado? ¿José, te ha pasado?

Ninguna de las 22 brillaban. Ni siquiera en la fase de traje de baño, ya ni se diga de vestido de noche. Aún así, el público animoso aplaudía sin darse cuenta de la total desorganización del evento, porque más allá del maquillaje de las 22, la conductora maquillaba con sonrisas el desorden y todo parecía tan normal, tan estable …confieso que ni los nombres de las participantes aparecían en la lista qué, de haber existido, hubiera servido perfectamente para anunciar las salidas a la peligrosa pasarela.

          — Con ustedes María Isabel.

Y Mariana (que no María Isabel) titubeo en sus tacones ante 1600 ojos que la intimidaban reflejando una luz que ni siquiera era de ellos.  El vestido larguísimo, la ceguera y los tacones hacían eternos los veintitantos metros de la pasarela.


Mejor despacio que no llegar, pensaba. Pero Mariana: no lucía, no brillaba. Con los nervios, la sonrisa no es la misma, con la tensión el alma se encoje  y los ojos… nunca brillan. Pero había luz, mucha luz.

Y así como al grito de ¡Tierra! cuando Rodrigo de Triana descubrió el nuevo continente. Un espectador delató la fuente de luz:

   Es la conductora.

Y tras segundos de murmullos y liberación de feromonas se dejó caer el clamor popular, fino, corriente y vulgar: “está más buena la conductora”, “conductora represéntanos” y luego; como por acuerdo coreaban: ¡corona a la conductora, corona a la conductora!

Entre una espada de alabanzas y una pared de elogios, la conductora anunció el nombre de la «ante los jueces ganadora». Y como ante el pitazo del árbitro en pleno Clásico sonó el abucheo. Y aclaro, el del jurado y el de la pobre “ganadora”. Los aplausos los concentraba la presentadora.

Las 22 caminantes solicitaron en la foto oficial del certamen, la «no presencia de la conductora». Quien sonríe, no sale en la foto.

Carpe diem y arraigo al pasado


Con eso de que he dejado la seguridad pública y me metí a la agronomía llevo toda la mañana estudiando química. Yo, tan abogado, encuentro muchísimas dificultades con esas cosas del fósforo y el sulfato de potasio; la verdad no entiendo nada.

Total ahí voy leyendo veinte veces cada párrafo para no volver a entenderle y regresar nuevamente al inicio... otra vez t-o-d-o desde el inicio... como cuando salía con Esther. Ella nunca me entendía nada, su lema era algo así como carpe diem (vive el presente) y bajo ese pretexto justificaba olvidar lo previamente explicado. Siempre teníamos que volver a la primera cita y así también, repitió cuatro años seguidos el primer año de la carrera. Su presente se hizo eterno y todas nuestras citas fueron la primera. Evidentemente la monotonía me cansaba, especialmente a mi que siempre me atrapa tanto mi pasado y a eso, hubo que sumarle el marketing de otras piernas que se me anunciaban frente a mis ojos. Insistiendo en mi arraigo al pasado, en mi presente, a veces, la extraño.


jueves, 10 de marzo de 2016

La bolsa

Ella tenía 15 años. Mientras bajaba del avión de su padre le dijo:

— Necesito comprarme esa bolsa.
— Hija, vale una fortuna; no tiene caso.
— Papá, ¡La necesito!
— Gánatela.
— Ya hice la tarea.
—Gánatela de verdad.

Y así, la inscribió a trabajar. Embolsaba en WalMart.

En ocasiones, las amigas de su madre la reconocían y le dejaban una moneda de más.

Por desafío a su padre, las vacaciones las pasó en WalMart. De sol a sol: embolsaba, se cansaba, no claudicaba. Su palabra, capricho y honor de quinceañera estaban en juego. Tenía que callar a su padre.

Se le rompieron las uñas, todas. Se burlaron de ella. Pasó algo de hambre; dicen que fueron 40 días en un desierto donde ella misma embolsaba los panes.

Finalmente, alcanzó los 13 mil pesos. No se compró la bolsa; ese dinero —dicen— nunca se lo ha gastado.



miércoles, 3 de febrero de 2016

... y qué haces para verte tan joven?

La verdad es que no sé, pero luego me da por…

1.- Tener ilusión y fantasías de niño; creérmela, confiar en todo, saber que nada es imposible y nada está tan lejos.
Cuando Isabella tenía tres, sobre mis hombros la cargaba para que corte flores. A veces alcanzaba flores que estaban a casi dos metros. Una vez veíamos juntos unas flores que estaban a unos veinte metros, le dije que la cargaría para que las corte. Me estiré al máximo, ella hizo lo propio y cerró los ojos (no sé si por el esfuerzo al estirarse o por la altura). Nos faltaron unos dieciocho metros para alcanzarlas.

   ¿Isabella las alcanzaste?
   Sí, pero sólo las pude tocar con la cabeza.
   Isabella, eso no es lógico, eso son fantasías de niño. La fantasía es algo que sólo existe en la imaginación de los niños.
    José —me dijo— la lógica es algo que sólo existe en la imaginación de los adultos.

Hoy, creo que ella sí tocó las flores.
2.- ¡Hay que amar! A Dios, a la vida, a la familia, a los amigos y por supuesto a una mujer. Todo hombre tiene la edad de la mujer que ama y le quedan de vida los años que a su Dios. Mi mujer, a pesar de que los años le pasen, siempre será joven; mi Dios, eterno.
3.- Respecto a las arrugas hay dos remedios, el primero son unas cremas (no tan caras); el segundo, es no buscárselas. Escribió una vez Fernando Pessoa: “soy del tamaño de lo que veo, no del tamaño de mi estatura”. ¡Deja ya de buscarte arrugas!

4.- Los besos… creo firmemente que los días que besas nunca pasan.

5.- Ríete en cada oportunidad que puedas, el día que no sonrías será un día perdido. No pierdas el tiempo, gánalo sonriendo. 

6.- Las preocupaciones y el stress sacan canas. No te preocupes de nada, una preocupación convierte un problema en dos... y tal vez el más grave sea el estar preocupado. Leía hace mucho una frase (creo que de mi amigo Santi Requejo): La Felicidad no depende de las circunstancias que vivimos, sino de cómo nos enfrentamos a ellas. Ayer regresaba de Acapulco, hicimos tres horas extras por el tráfico; fue una gran oportunidad para convivir y grabar unos videos que pronto subo.